Estoy convencido que el contacto con la naturaleza hace que el ser humano sea más feliz, más sano, y más espiritual.

En estos últimos 7 meses he visto personas perder familiares, trabajos, matrimonios, la vida…

Esta pandemia nos ha quitado mucho. Los duelos son incontables. La gente está cargada, estresada, cansada. Parece no tener cuándo acabar. Para muchos no hay dinero ni la posibilidad de viajar. Mucha gente carece de facilidades o infraestructura para hacer deporte o para acceder a áreas verdes. La mayoría de peruanos no tiene un club al cual puedan ir a tener un tiempo de esparcimiento y, en algunos casos, ni siquiera un parque. Lima está construida sobre un desierto. Pero hay algo que sí tenemos: Más de 2 mil kilómetros de costa con playas amplias y un mar maravilloso. Desde el principio hemos dicho que se debe buscar un equilibrio entre la salud física y la salud mental. Tenemos que mantener el sistema inmunológico fuerte. Pocas cosas son tan relajantes y revitalizantes como la playa y el mar. Realmente nos recarga y es una verdadera terapia para el cuerpo y la mente. Está estudiado científicamente: el mar limpia los pulmones y los ayuda a funcionar mejor. La brisa marina no tiene contaminación, está cargada de ozono, nutrientes, y ayuda a restaurar la piel. Nos relaja, nos conecta, disminuye la ansiedad y nos vuelve más contemplativos. La playa es rica en iones negativos, esto favorece la producción de serotonina, genera bienestar, aumenta la creatividad, y sus sonidos nos dan paz interior. El agua de mar es buena para la circulación, fortalece los huesos y las articulaciones.

Las playas nos contienen, nos albergan, de manera natural y sin diferencias. Son verdaderas reservas de felicidad. Ojalá logremos usarlas de manera responsable y con las precauciones del caso, pues son una verdadera terapia natural.

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