(Difusión)
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La tragedia y la comedia de la vida de los políticos está mejor que los líos del mundo de la farándula. Primero lo trágico. La mujer del ahora excandidato Daniel Mora denunció que la golpeó porque usó su carro. Allí mismo me dije: esto seguro es verdad. Para muchos hombres el carro pasa antes que la mujer. La señora declaró que le gritó y la pateó. Después dijo que no fue para tanto, que su marido era un gran hombre. Mora dijo que se trató de “un hecho familiar” (¿si le pegas a la familia es menos grave?). Contaron que estaban casados desde hace 50 años y que fue esa sola vez. Humm... Luego ella se ratificó en la denuncia y el tema pasó al Ministerio de la Mujer. Calculo que la señora ronda los 70 años y eso sí es un abuso. No por la edad, no creo en el ancianismo, sino porque a los setenta ya no le puede responder. ¿Pegándole? No, estimado lector, sacándole la vuelta con el primero que pase o con su mejor amigo. Ella se quedaría igual de pegada, pero él sería cornudo y todos sabemos que los cuernos duelen más que los palos. Entre los 18 años, con las hormonas alborotadas, y los 45, con el deseo ardiendo, cualquiera consigue fácil; después de los setenta la cosa se complica.

La farsa del excandidato presidencial Julio Guzmán corriendo como conejo fue más divertida. Trataba de salvarse, no del incendio que arrancaba en el departamento donde tenía un romántico encuentro sino de que lo fueran a ampayar. En el video se le ve gesticulando al portero del edificio, “¡sube, hermano, hay un problema en el tercero!” y se hace humo. (Chiste malo.) Cobarde al fin el hombre. ¿De huir del fuego? No. Eso pasa. De dejar a la joven sola a enfrentarse con el desastre.

La explicación de Guzmán es que el fuego estaba controlado y que se trataba de un almuerzo profesional. ¿En serio? Esta gente debe pensar que somos todos cojudos. Estando casado nos quiso aleccionar diciendo “solo le debo explicaciones a mi esposa. Y ya se las di”. (¡Esa es la parte que me hubiera encantado ver!). La policía tomó fotos. Todo muy lumpen. Cuarto. Vista. Chifa en cajas de tecnopor. La señorita seguro quiso ponerle onda y colocó corazoncitos, globos y rosas rojas por todas partes. Quedó una mezcla entre pisito de bailarina erótica y fiesta de quinceañera. El amoroso corazón formado por velitas rojas sobre una mesita se consumió —¿de pasión— y le prendió fuego al televisor del cuarto. Ahora se asemeja extrañamente a una lápida. (¿R.I.P carrera política?). Guzmán explicó que el incendio “fue un hecho fortuito” —nadie pensó que fuera a propósito— y que era “un asunto personal”. Dale con la excusa. Con este estribillo cualquier político pega y miente y aquí no pasa nada porque es un asunto familiar/personal.

No pues. Par de caraduras. Se merecen el uno al otro.

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